Del relato epico a la cruda imagen. El desencuentro de los cuerpos.

Se pasa del relato de la guerra a ver la guerra en vivo desde la comodidad de nuestros hogares. Enterramos a los heroes y villanos, solo queda la crueldad.

La imagen sobreviene a un cuerpo que clama por chocar contra otros cuerpos. Los besos mas frios son la envidia de los besos mensajeados.

No hay lugar para el deseo, cuando solo podemos gozar.

Sobre amor y sombras

Si las palabras bailan en nuestra piel,

Si el corazon se detiene en la pared,

El amor es solo sombra.

Hay que abrir los canales,

Se debe respirar de la cancion,

O solo hay sombras en el sol.

Vos y el sol son la luz,

Ambos dos, y sin mi,

Son amor y traicion.

Ya que sin luz no hay dolor,

Sin el sol no hay cancion,

Sin vos no hay amor.

Tenerle miedo a tus propias palabras.

Partida de rol. “Los vigilantes”.

INICIOS:

                Cenábamos después del ataque al Imperio. La Cofradía Indignada no era realmente mejor compañía, pero tenía… una situación complicada. Algo así como interrumpir a un roner en medio de una comida, una situación nada buena. Calandra, esa belleza nociva, sabia unos pequeños detallitos míos que podían llegar a incomodar un poco mi vida cotidiana. Así que bueno, aquí estoy con la Cofradía.

                Después de cenar un kurudu que estaba… podría decirse que bien, si uno tiene el paladar de uno de esos Taus salvajes; si ellos supieran las comidas a las que yo estaba acostumbrado de niño. Pero en fin, no lo hacen, ni yo quiero recordarlo. Así que nada, a dormir.

                Unas horas más tarde me despierta una de mis compañeras de carpa, Aya, una Yleana bastante linda, aunque algo rígida. No, no rígida: fría como sus armas. Sí, eso suena un poco mejor. En fin, Aya nos despertó a todos, diciéndonos que había escuchado ruido afuera: aunque muchos le respondieron que fuese a lavarse partes que no entiendo como conocen semejantes especímenes de su raza, yo la seguí.  Aunque antes realice unas preparaciones; gracias a los dioses, mis padres me hicieron un regalo que tiene un valor enorme para mí: un hermoso círculo rúnico en mi espalda, el que puede suplir mis fallas y que es una flagrante forma de recordar mi vergüenza, mi incapacidad de no poder hacer esferas como papi y mami. Y después nada, a juntarnos con Aya. Con nosotros venia Palimanio, un Tau de esos que solo saben golpear y que vive para eso, para golpear: al menos reconoce su potencial, je. Por eso somos todos muy amigables con Palimanio: nadie quiere sentir su enorme mano sobre su cabeza, menos aun el de esa linda hacha de doble filo.

                Cuando salimos de la carpa, vimos que los jefes estaban conversando con gente del Imperio. Si, del imperio. ¿Que hacían aquí? Nos acercamos cautelosamente, aunque con cada paso que daba podía notar que, aun cuando parecían imperiales, sus armaduras eran distintas. Uno puede notar la diferencia después de matar a uno o dos de los imperiales. ¿Quiénes eran entonces? Primero pensé que eran problemas, tras ver que todos en el campamento caían dormidos, salvo nosotros tres. Segundo, cuando miraron hacia nosotros, pensé que era problemas muy grandes. Tercero, cuando nos pidieron parlamentar y vi como Aya y Palimanio se acercaban a ellos, pensé que eran enormes problemas: un grupo de gente, donde al menos uno estaba dotado de dones, y dos compañeros que están acostumbrados a seguir órdenes. ¿A donde íbamos a parar? Mis apuestas quedaban en acercarme o en averiguar si podía correr dormido. Me acerque.

                Si hago corta la historia, uno de estos señores con capa se nos acerco diciéndonos que era Lebiron, que nos buscaba a nosotros por nuestros poderes, que no podía decirnos por que, para que, que teníamos que meternos a un portal que estaba haciendo uno de sus subordinados, que después nos explicaban. Aya y Palimanio los siguieron como si nada. Podía entenderlo, porque ellos no sabían que el “subordinado” estaba haciendo un portal que mantenía abierto solo con su voluntad; como si eso se viese todos los días en el Pico. Le dije a Lebiron que yo no podía irme, porque Calandra se interponía un poco; me dijo que él lo arreglaría. Aunque podía ser un poco arriesgado, mis posibilidades de escapar de la Cofradía eran bajas, así que acepte. Así que solo quedaba alargar la mano y  ver que nos deparaban los dioses.

LOS VIGILANTES:

                ¿Quiénes eran, entonces? Los Vigilantes. Nuestro amigo Lebiron y su subordinado Nedros nos dijeron que ellos buscaban a gente bendecida por los dioses para actuar como un tipo de policía mágica. ¿A quienes perseguían? Ellos les decían demonios, gente que no podía controlar sus poderes, que eran peligrosos para todos. Lebiron nos comento que estaba muy agradecido con nosotros por ayudar a detener a Emiral (aunque todo el merito era de Calandra), ya que era un demonio en un puesto muy alto del Imperio y que envenenaba la mente de la Emperatriz. Es más, gracias a la intervención de la Cofradía Indignada fue que nos encontraron a nosotros.

                ¿Donde estábamos? Según nos dijeron, para organizar a su grupo, habían creado estas fortalezas que estaban llenas de círculos rúnicos: aunque no conocía más que las runas que mi tío puso en mi espalda, podía distinguir un círculo rúnico. Me lleve una sorpresa cuando vi que Palimanio también observaba los círculos con entendimiento. Yo sé que hay varios objetos rúnicos dando vuelta por los altos mercados del Imperio, pero ¿por qué un Tau las conocía? Todo un misterio. Cuando pregunte a Nedros para qué eran estos círculos, me respondió que eran de defensa y confort.  ¿Defensa ante qué? Suponía que a la mañana podría preguntarlo, después de una buena noche de descanso.

                El día siguiente fue bastante dinámico. Empezamos con un desayuno en nuestras piezas (estaba tan emocionado de poder tomar un desayuno sin haber tenido que pagar por este que corrí hacia el cuarto de Palimanio para darle la gran noticia; el ya estaba comiendo. Las diferencias entre ser un favorito de la Cofradía y ser alguien “contratado”: volvía a alegrarme de haber escapado de Calandra). Nedros nos encontró allí y nos llevo ante Lebiron. Este nos probó, haciendo que sostuviésemos unas piedras que, al tocarlas, brillaban con un color: el mío fue azul, el de Aya y Palimanio amarillo. Recordé algunas pinturas en el Pico, de los tres grandes dragones: azul, amarillo y rojo. ¿Habría alguna relación? Si alguna vez volvía al Pico, tenía que averiguarlo. Pero ahora el Pico quedaba lejos (o quizás muy cerca, no sabía dónde estaba) y los Vigilantes estaban aquí. Cuando volví a concentrarme en la conversación, Lebiron nos pedía que lo siguiésemos.

                Al final de un largo pasillo, llegamos a lo que parecían unas celdas. Lebiron nos hablaba, nos contaba sus crímenes, los crímenes de los “demonios”. Sinceramente, me esperaba algo más… espectacular. Estas eran simples personas tristes y atrapadas. Hasta tenían atrapada a una viejita. El único que desencajaba era Garritas, que obviamente llamo mí atención: uno no ve todos los días a una persona cubierta de pelaje, con garras y ojos rojos, golpeando al aire como si se tratase de una pared. Más tarde note que todas las celdas estaban rodeadas por círculos rúnicos. Interesante. Más tarde que temprano, Lebiron nos dejo diciendo que teníamos que estar en una hora en el cuarto de armas, para entrenar; nos dijo que podíamos revisar las instalaciones. Cuando Aya y Palimanio nos dejaron, fui a hablar con Garritas:

-Buenos días.

-¡Sácame de aquí!

-Si, no puedo hacer eso, yo soy un Iniciado. ¿Es usted un demonio?

-¡Claro que no! A mí me atraparon hace 20 años,…

                Aclaro que Garritas parecía tener mi misma edad. Más misterios a mi lista.

-… pero si me sueltas, ¡te daré una gran recompensa!

-¿Ah si?

- Si, te daré oro. Te daré poder. ¡Te daré lo que quieras!

- ¿Y como harás eso?

- Yo tengo amigos fuera de aquí. Si me ayudas a salir…

- Lo pensare. Hasta luego.

-¡Sácame de aquí!

                Mi siguiente parada fue La Vieja: así la llamaban. Según nos conto Lebiron, cuando la trajeron hace un año era una joven de no más de 25 años, pero ahora había envejecido. También nos dijeron que no está prisionera casi no hablaba. Pude comprobar esto luego de unos intentos y vi que tenía unos pinceles y hojas dispersas por el piso. Aunque no me contesto si era o no un demonio, no lo parecía, al menos.

                Como no tenía más tiempo, fui a la sala de armas, donde Nedros nos pregunto en que éramos hábiles y nos pidió demostraciones: aunque les demostré un par de mis habilidades tanto físicas como mágicas, me guarde un par de… “trucos”; uno nunca sabe. Luego de estar un rato con esto, me fije en el resto de las caras. Un hombre llamo mi atención: parecía irritado. Me acerque e intente conversar, pero no parecía dispuesto a esto: ni su nombre quiso decirme; según el un “simple Iniciado” debería estar entrenando, no perdieron el tiempo. JA, ya le enseñaría. Sin embargo, pude sacarle algo de información: ante mi pregunta de si sabia como salir al exterior, ya que estaba aburrido de estar encerrado, me dijo que si sabía: por los portales de Nedros. Es decir que no había otra forma de salir. No me quedaba más que esperar, entonces.

                Durante las semanas siguientes, lo único que hacía era entrenar, vagar por los corredores (el centro no era muy grande, por lo que no había muchos sitios a donde ir. Además, había un sitio al que teníamos prohibido la entrada: la sala de mandos, donde suponía que se encontraban las runas madres, las que dirigían todo el lugar) y hablar con los prisioneros, aunque los únicos que realmente me interesaban eran Garritas y La Vieja. Del primero me canse rápidamente, ya que esperaba realmente que lo liberase por sus promesas de hacerme Emperador o de darme mapas que me llevarían a objetos de una rareza inigualable. La Vieja seguía sin dirigir palabra, hasta que un día, de tanto preguntar, empecé a hablar solo. Le conté detalles de mi vida, de mi familia, de su estatus y de cuando me desheredaron. Fue entonces cuando me dijo que ella tenía bisnietas, que la esperarían en vano en su aldea. Me conto que se llamaba Madria, que ella no sabía por que, pero que no envejecía y que tenía el don de curar a los enfermos y heridos. En su aldea era muy querida y, aunque el dolor de ver a sus hijos y amigos irse antes que ella, estaba agradecida de poder aliviar el sufrimiento de los otros. Ahora que estaba aquí y que la muerte se acercaba, no sabía si la felicidad de poder reunirse con los espíritus era más grande que la tristeza de pensar en los que no se fueron y necesitan de su ayuda. Definitivamente, no era un demonio.

                Por suerte, un día nos dijeron que teníamos una misión: en la sala de mandos habían encontrado una demostración de magia demoniaca y debíamos intervenir. Yo también tenía una, aunque parecía imposible. Realmente no podía confiar en nadie, ya que Aya había forjado un fuerte vínculo con Nedros y Palimanio no parecía ser más que una mole de carne. Por ahora, mi camino era el de tocar el portal y resolver las cosas a su tiempo.

DECISIONES:

                Ser absorbido por un portal no es una sensación muy agradable: tras colocar una parte del cuerpo en contacto con este, se siente como si jalasen de uno y luego, lo mezclaran todo en un lugar muy reducido, para luego escupirte del otro lado. Así que se podrán imaginar la sensación de pasar por eso y, además, de pasar de un lugar bajo una montaña, donde todo es bastante frio y terminar cayendo en una selva húmeda, donde el calor se pega en tu piel. Sin embargo, no tuvimos mucho tiempo para pensar en esto, ya que a lo lejos se veía una aldea en llamas. Cuando aún no habían terminado de salir toda nuestra compañía (éramos trece en total: cuatro grupos de tres personas y Nedros), me subí a un árbol para intentar ver mas allá. Sin embargo, el árbol no sostuvo mi peso, rompiéndose y amenazando con caer al vacío. Use mi magia para sacar un piso de tierra que impidiese mi caída, hecho que no pude corroborar, ya que Nedros me agarro con una proyección mágica de su mente y me trajo con el resto. Aun cuando todos se reían de mi, cambie mis ojos por los de un Rensir, esos pájaros que aman los Rainos, y pude ver que la gente de la aldea estaba en caos, aunque no parecían huir de un punto en particular. Nos apuramos a bajar.

                Al llegar, algunas personas nos recibieron con pánico, otras con enojo -ya que nos confundían con fuerzas del Imperio, creyendo que llegábamos tarde para arreglar el caos.- Nedros nos otorgo a cada grupo una brújula rúnica, que sentiría la cercanía de cualquier demonio , y una piedra de aviso, la cual si lanzábamos al aire emitiría una brillante luz. Aya agarro la primera y yo la segunda. Nos dijo que nos dispersásemos por la aldea, buscando demonios y pidiendo a la gente que se alejase del lugar.

                Mientras hacíamos estas tareas, raye una de las runas de la piedra con mi manopla de hierro: si encontrábamos a uno de estos “demonios”, quería interrogarlo antes de que lo capturasen. Lamentablemente -para mí- Palimanio me vio haciéndolo y me pregunto por qué lo hacía (al menos descubrí un misterio: Palimanio sabia de runas y parecía saber también que, de romper una de las runas y acabar con la armonía del circulo, el circulo se apagaba). Le dije que la estaba limpiando, aunque noto mi mentira y dijo que la piedra ya no servía, tirándola lejos. Aya nos miro primero confundida y luego sospechando, pero no tuvimos tiempo de más, ya que se nos acerco un hombre gritándonos que a donde habíamos llevado a su hija: Aya intento calmarlo, pero el hombre agarro un hacha y salto a atacarnos. Palimanio fue el más rápido de todos: vi como golpeaba la rodilla del sujeto con el mango de su hacha; hasta yo escuche el sonido de los huesos quebrándose. Sin embargo, el hombre seguía moviéndose. Aya le lanzo unas cuerdas hechas de luz, que lo agarraron. Aunque el hombre intento soltarse, no lo logro. Por último, Aya lo desmayo golpeándolo con la empuñadura de su espada y deshizo las cuerdas mágicas.

                Cuando decidíamos que hacer con este hombre, se nos acerco uno de nuestros compañeros y nos pidió que lo siguiésemos, que había que contener a un demonio poderoso. Como teníamos a un cautivo, nos pidieron que uno se quedara con este: Palimanio no dudo en ir con el guerrero y yo pedí quedarme; Aya me miro con suspicacia, pero igual decidió irse. Ni bien se perdieron de vista, prepare una esfera mágica de agua y cure al hombre. Al despertar me pregunto por su hija, pero le dije que no sabía nada de esto; antes de que pudiese seguir hablando, le pregunte si era un demonio: me contesto que no sabía de que hablaba. Le recomendé que huyese lo más lejos posible, y aunque parecía estar realmente preocupado por la hija, siguió mi consejo. Luego fue a reunirme con mi grupo.

                Al llegar, vi que había cinco personas escondidas detrás de escombros, entre los que estaba mi grupo. Solo al verme, Aya empezó a cuestionar que qué hacia ahí, que donde estaba el cautivo, que porque no estaba con él. Le dije que había escapado, a lo que me respondió que como lo había hecho si estaba desmayado y con una rodilla rota. Por suerte, una bola de fuego se interpuso en nuestro camino, por lo que pude librarme de Aya y su interrogatorio. Empecé a preparar mi magia, levantando cuatro paredes de un metro alrededor del mago enemigo; aunque note que mis compañeros dudaban de mi y que podrían estar pensando que estaba intentando darle una barricada a nuestro rival, yo seguí con lo mío. Mientras tanto, Palimanio empezó a correr hacia nuestro enemigo, aprovechando la situación. Aunque él se dispuso a esquivar el próximo proyectil, no tuvo que hacerlo: terminando de lanzar mi hechizo, alce una jaula de tres metros de altura alrededor de nuestro objetivo. Al acercarnos, escuchábamos como el hombre encerrado intentaba derrumbar la pared que daba a nosotros, pero sin éxito. Esperando no excederme, ya que no sabía si era o no un demonio, pero si que estaba siendo peligroso, volví a utilizar mi magia para que una estalactita se proyectase desde la pared de tierra y lo golpease: dejamos de escuchar los intentos de desintegrar mi jaula, por lo que la rompimos y vimos que la estalactita lo había penetrado en un hombro y se había desmayado, aunque seguía vivo. Había equilibrado la balanza un poco frente a mis aliados, no obstante sus miradas demostraban recelo. 

                Cargamos al mago de fuego y buscamos a Nedros, quien nos guio hacia una mansión que habitaba un Conde y su hija,  alejada un poco de la ciudad, y la cual sería nuestro centro de operaciones mientras estuviésemos allí. Aunque nadie volvió a preguntar sobre nuestro otro cautivo ni escuche que nadie hablase con Nedros en privado, eso no significaba que no me sintiese observado. Nedros se sentía orgulloso por la captura de los “infectados” (así los llamaba el, aunque ya todos nos habíamos acostumbrado al termino de demonios, utilizado por Lebiron), así que nos dijo que podíamos descansar.

                Mientras recorría el lugar y fui a ver a los prisioneros, me encontré con la hija del Conde. Me pregunto que qué hacíamos ahí y cual era nuestro trabajo, que por qué no estábamos yendo en la búsqueda de los Rainos que habían atacado el lugar. Aunque le respondí lo mejor que pude, ella no parecía muy interesada en contestar mis preguntas. Lo único que pude sacar de ella fue que se llamaba Kasi y que, aunque parecía intrigada por los prisioneros, no parecía comportarse como una joven de su edad. No le di demasiada importancia, ya que no conocía al lugar (sinceramente no sabía ni en que parte del gran Preot me encontraba, lo que parecía ser algo bastante común estando con los Vigilantes) ni a sus costumbres, así que partí a lo que sería el cuarto que compartiría con algunos de mis compañeros. Luego de meditar y repostar a mi espíritu con la energía gastada, me puse a descansar.

DEMONIOS:

                Como en la última noche con la Cofradía, me vi despertado por Aya: todavía estaba oscuro, pero ella había encontrado la entrada a un túnel que, según creían, le daba toda la vuelta a la ciudad. Sin mucho tiempo para despabilarme, la seguí. Fuera me encontré con Nedros, Aya, Alro (conocí el nombre de la persona que me había tratado tan descortésmente el primer día en la sala de armas por boca de otro de nuestros compañeros), Sebul, Sirko y Lebu. Partimos, con Aya como guía.

                Por fin llegamos a una casa que parecía abandonada. Nedros nos dijo que la rodeásemos primero y luego pidió voluntarios para entrar. Alro y yo nos ofrecimos como voluntarios, así que nos preparamos para entrar. Yo pedí a mi círculo que me dieses dos esferas de energía: una era bastante pequeña, la que use para untar mis manos, lo que les dio una apariencia brillante y extraña. La segunda era un poco más grande y la así con una de mis manos. Tras concentrarme en esta, la esfera me cubrió todo el cuerpo, dándome la misma apariencia que tenían mis manos: lo normal hubiese sido que luego la esfera hubiese desaparecido, pero esta volvió a mis manos. Como dije, siempre hay que tener algunos trucos guardados. Y con esto, ya estaba listo.

                Nos acercamos lentamente a la puerta, la cual estaba salida de una de sus bisagras, por lo que se encontraba en diagonal, impidiéndonos el paso. Alro se adelanto y abatió la puerta; rápidamente lo seguí. Al entrar, encontramos a dos hombres que nos saltaron encima. Alro intento impactar con su espada a uno, pero no pudo lograrlo. Yo salte hacia otro y le impacte con mi mano libre en la nuca, despidiéndolo hacia atrás, hacia el resto de la compañía que se encontraba fuera. El otro hombre impacto su ataque contra mí, pero el brillo que rodeaba mi cuerpo detuvo el golpe y, aunque quedando debilitado, absorbió todo el daño. También a este lo golpee en la nuca, quien salió trastabillando hacia atrás. Cuando entro el resto de nuestro grupo, vi que Alro me miraba con odio, por lo que no pude controlar mi lengua y le dije que esperaba que mi servicio como “Iniciado” le hubiese sido de ayuda. Los demás se rieron y me comentaron que Aya había desmayado a los dos hombres ni bien salieron proyectados hacia ellos. Seguimos a nuestra guía por la casa, hasta un cuarto donde había una puerta trampa -aunque esta no parecía ser necesaria, ya que había un hueco enorme por el que se podía pasar- y vimos a un hombre que salto rápidamente hacia el hueco. Aya y yo saltamos rápidamente tras él.

                Al llegar abajo, nos encontramos en una cueva bastante alta y amplia. Vimos como este hombre intentaba alejarse por uno de los pasadizos, pero no se lo permití: concentrándome, levante tres paredes de 2 metros que le impidieron el acceso al túnel. Detrás nuestro llegaron Sebul, Sirko y Lebu. Aunque la batalla parecía ganada, el hombre se dio vuelta y sus ojos se pusieron negros y de sus manos salieron garras. Intente distraerlo levantando una nube de polvo que impedía la visión, pero él grito y, salvo Aya y Sebul, todos retrocedimos unos pasos: Aya se quedo impasible donde estaba, Sebul huyo despavorido hacia donde la superficie. Ese grito no fue nada natural, ya que nos veíamos imposibilitados a acercarnos al hombre, como si el terror fuera una pared entre él y nosotros. Un terror que solo Aya podía parar.

                Lo que siguió fue una batalla increíble entre Aya y este demonio, un nombre que por fin encajaba en un hombre. Aya atacaba rápidamente a su enemigo, apuntando a sus extremidades, sin darle descanso con sus dos katanas: a veces resultaba difícil poder seguir sus agiles movimientos. Sin embargo, aunque lo hería cuatro, seis, diez veces, el hombre no parecía sufrir daños. El demonio atacaba a Aya, aunque ella no parecía muy preocupada por estos y los esquivaba fácilmente. Como parecía una pelea sin final, Aya lanzo sus hilos de luz contra el demonio, que lo atraparon firmemente. Sin embargo, este logro soltarse y atacar a la mujer de nuevo, impactando uno de sus garrazos. Vimos como un poco de sangre se escurría por la armadura de Aya, por lo que ella siguió atacando con reforzadas energías hasta que el demonio lanzo un grito, luego de lo cual vimos como Aya pudo realizar dos cortes profundos en su pierna y su pecho. El hombre por fin cayó.

                Aunque la mujer intento cuestionar al hombre, este se encontraba demasiado herido para contestar. Por fin Nedros, Sebul y Alro bajaron con nosotros: mientras estábamos abajo luchando, más de los secuaces de este hombre los atacaron. Todos tenían los ojos negros y garras, pero no presentaron un desafío demasiado grande: ¿habrá sido que nuestro oponente era demasiado fuerte o que Nedros poseía poderes más allá de lo que pensábamos? Tras el relato de la pelea, los hombres cargaron con nuestros enemigos caídos y se fueron a la mansión. Yo decidí que era momento de investigar los túneles.

                Pude deducir que lo que Aya y Nedros pensaban acerca de que daban la vuelta a la ciudad era erróneo. Estos túneles se ramificaban hacia adentro y fuera de la ciudad, por lo que se podía llegar a cualquier punto de esta por debajo. No obstante, no vi más entrada que por la que accedí a este. Pero no fue lo único que descubrí: mientras me adentraba en dirección a la mansión, el piso empezó a sentirse más liso, como si lo hubiesen aplanado a propósito. Seguí por este camino hasta que pude percibir unas voces, en la que pude reconocer a la de Kasi y la de un hombre que no había escuchado antes. Con el fin de poder descifrar sus palabras, cambie mis orejas por las de un kurudu, quienes tienen una audición mucho mejor que la de cualquier raza conocida sobre Preot. Así fue como me encontré con un misterio aun más grande que todos los demás: al parecer Kasi y su maestro necesitaban gente para un ritual -20 personas, para ser exactos- y que su maestro no estaba para nada contento con Kasi por su comportamiento. Ella parecía haber puesto su plan en peligro, lo que parecía ser inaceptable. Además, su maestro no estaba contento con los hijos de ella o, mejor dicho, con la decisión que tomaba para “hacerlos”. Luego, el hombre empezó a darle ordenes a ella de una forma que parecía ritual: “Yo, tu maestro, te ordeno que…”. Tras finalizar una lista de órdenes, le dijo que si se sentía sola se busque unas mascotas: no parecía referirse a animales con esta palabra. En seguida se alejaron de mí, por lo que pude seguir mi camino sigilosamente hacia donde debería estar la mansión: ahora estaba seguro de que debía haber una entrada cerca de esta, ya que Kasi debía poder acceder a este lugar desde algún lado cercano a su casa.

                Al seguí avanzando, llegue a una cueva bastante grande, donde pude ver que, a lo lejos, había otro túnel. Pero lo que llamo mi atención fue una puerta cerrada. Me acerque e intente escuchar del otro lado, pero solo había ruidos de respiración y como si alguien estuviese chocando metales. Entre en un estado de alerta: podría ser un cuarto de guardias, lleno de hombres con ojos negros y garras. Escuche la voz del maestro de Kasi lejos, por el túnel al que se había dirigido, así que decidí arriesgarme: tire una nube de polvo dentro del cuarto por dos motivos: por un lado, reducirles la percepción si tenía que entrar rápidamente, por el otro, quería ver si escuchaba voces ante el inesperado ataque, voces que podría reconocer. Sin embargo, lo único que escuche fueron toces. Todavía sin saber que hacer (y pensando que porque no habrían salido a ver qué pasaba), escuche unos pasos muy suaves acercándose hacia donde estaba, tan suaves como alguien que no quiere hacerse escuchar, por lo que me aventure a través de la puerta.

                Del otro lado me encontré con algo que no hubiese esperado: una cueva llena de celdas. En cada una había como mínimo una persona y a todas se las veía abatidas. Mientras me acercaba a una de las celdas, una mujer se acerco y me pidió que los sacase; le pedí que hable más bajo y luego le pregunte que si sabia salir de allí. Me aseguro que si, así que le dije que me diese un minuto y ya los sacaría. Fui hacia el centro de la habitación y me concentre: del suelo salieron cuatro pilares de tierra que se insertaron en las cerraduras. Cada uno se había acomodado dentro de la cerradura, tomando la forma de una llave de roca solida. Luego de abrir y sacar las cuatro llaves, vi que todas eran la misma, así que abrí rápidamente todas las celdas. Es así como pude liberar a diez personas. En total eran doce, pero dos no respondían a mi intento de levantarlas, ya que estaban sumidas en una desesperación muy profunda. Por suerte, logre ver que un hombre de entre los diez intentaba huir por la puerta. Lo alcance y me grito que lo dejase ir, que debía irse o lo atraparían nuevamente. Como no pude hacerlo entrar en razón, lo desmaye con un golpe en la nuca y lo cargue. Le pedí a los demás que me ayudasen a cargar a la gente que no podía moverse bien y le ordene a la mujer que nos guiase fuera.

                Ella nos guio por fuera de la puerta y dio una vuelta hacia otro túnel que no había visto antes. Tras subir una rampa inclinada, llegamos a otra puerta que daba a un almacén cercano a la mansión. Le pedí a la gente que esperase ahí y me acerque a la mansión. Kasi me cruzo con el camino y me dirigió una mirada que no pude descifrar, pero no le preste atención; me acerque a  un guardia y le dije que había gente en el almacén y que necesitaba que buscase a Nedros. Solo pasaron unos minutos hasta que llegase Nedros con otros guardias, que fueron a buscar a las personas que había dejado en el almacén y a los dos que habían quedado en los calabozos. Nedros me pidió mi versión de los hechos, por lo que le comente todo lo sucedido. Todo salvo el hecho de que Kasi estaba involucrada. Todavía tenía cosas que preguntarle a ella y un favor que pedirle, así que no podía apresurarme. Fui recibido como un héroe, por los Vigilantes y la guardia del Conde, pero lo único que quería era descansar, así que me retire a mi cuarto.

                Como lo esperaba, me despertó una mano en mi cuello. Era Kasi, que me pregunto porque no la había delatado. Le dije que no me había parecido necesario hacerlo. Ante esto me dijo que no se lo contase a nadie y le prometí que no lo haría por ahora. Me contesto que ella todavía dudaba si debía o no matarme, pero luego se fue, dejándome a oscuras, escuchando la respiración de mis compañeros dormidos.

ENEMIGOS:

                Lo primero que hice al despertar fue ir a ver a Nedros. Aun cuando había dejado escapar a uno de sus “infectados” y capturado a otro, esperaba que el rescate de los inocentes estuviese a mi favor. Lo encontré en uno de los pasillos del segundo piso. Luego de los saludos adecuados, le dije mi motivo para dirigirme a él: no quería ser parte de los Vigilantes. Yo creía que sus objetivos no eran los correctos: ni Madria ni los habitantes de esta ciudad eran demonios. Nedros me miro tristemente y me dijo que, aunque mi decisión de irme seria una pérdida importante para ellos y podía hacerlo, deberían sacarme los recuerdos de los Vigilantes: yo sabía demasiado de ellos, de cómo actuaban, de sus fortalezas. Le dije que no podían tocar mis recuerdos -mientras lo hacía, escondía estos recuerdos en un sitio de mi mente al que no podrían acceder fácilmente, aunque tarde o temprano podrían llegar si lo intentasen por mucho tiempo-, que nada es más sagrado que la memoria. Nedros me dijo que no había otra opción y empezó a entonar un hechizo; pero yo fui más rápido y lo golpee en el hígado, desmayándolo. No obstante, ahí se acercaba Aya: había visto como golpeaba a Nedros. Sin pensarlo más, empecé a correr hacia una ventana y Aya me seguía, intentando atraparme. Sin embargo yo fui más rápido y logre saltar. En el aire, le dije a mi círculo que me diese una esfera y cubrí mi cuerpo rápidamente para no lastimarme al caer. Al llegar ileso al suelo, salí corriendo lo más rápido posible, escuchando los gritos de los guardias que preguntaban que pasaban. No pasaría mucho tiempo hasta que empezaran a buscarme, por lo que me escondí en la jungla rápidamente.

                Los siguientes días fueron una mezcla de huidas y acechos, donde al menos un grupo de seis Vigilantes buscaba mi rastro y yo observaba como mis intentos de despistarlos no funcionaban. No sabía que estaba pasando en la aldea, pero sabía algo: el maestro de Kasi quería veinte sacrificios. De alguna manera necesitaba sacarme de encima a mis perseguidores y avisar en la mansión. Y un día encontré una solución: en una de mis huidas encontré una cueva con las huellas de un koweno. Cualquiera sabe que no hay que acercarse a un koweno en su cueva, así que borre las pisadas del animal y las intercambie por las mías. Solo quedaba esperar.

                No estoy orgulloso de mi método, pero es lo que debía hacer. Cuando llegaron mis seis perseguidores y vieron las pisadas, solo uno dijo que era una trampa. Pero no logro convencer a sus compañeros, por lo que uno se mando hacia la cueva. No paso un minuto cuando este salió agarrándose la cara, en gritos, para luego caer. El resto de los guardias empezó a preguntar qué pasaba, pero no paso mucho hasta que ellos también empezaron a caer y agarrarse la cara. Aun cuando yo estaba lejos, empecé a sentir un picor en mis ojos. Los kowenos son famosos por su aliento toxico, pero nunca había pensado que fuese en un rango tan amplio. Aunque no me quede mucho tiempo mas, pude ver como este animal salía de la cueva y empezaba con su festín.

                Decidido a cumplir con lo que me proponía, volví a acercarme a la aldea y observe las guardias de los Vigilantes: yo sabía que de los trece que éramos, solo quedábamos siete: Palimanio, Alro, Sirko, Lebu, Sebul, Nedros, Aya y yo. Por fortuna, solo tres de los Vigilantes hacían rondas y todos en solitario. Y mejor que mejor, uno era Alro. Así que, cuando me decidí, empecé a hacer ruidos de pisadas cerca de él. No soy muy bueno haciendo trampas, pero Alro igual cayó en la mía: miro hacia donde estaba yo y vi como hacia un chiflido. En respuesta a este, Sirko dejo su guardia camino a la mansión. Tras esto, salí de mi escondite y me mostré ante Alro. Él exigió que me rindiese, diciendo que yo nunca había sido material de Vigilante, pero yo estaba resuelto y no perdí un momento para empezar con mi magia: ante esto vi como me revoleaba un hacha, pero pude esquivarla fácilmente y terminar con mi hechizo; antes de que pudiese bajar su brazo, cuatro paredes lo rodeaban y se cerraban sobre su cabeza. Lo único que quedaba era una rendija desde la cual podía hablarle, aunque Alro no paraba de ordenarme que lo soltara. Para calmarlo, volví en lodo la tierra sobre la que estaba parado, por lo que se resbalo; aproveche este intervalo para decirle que tenía un mensaje para Nedros: debían irse en breve, o habría problemas. Tras esto empecé a irme y escuche que él no se lo diría, pero yo sabía que Nedros tenía sus formas de acceder a la mente de las personas.

                Además, tenía otro propósito: tras una demostración que no dejaba lugar a dudas de quien había sido el atacante y hacia donde se había ido, algunos me seguirían, pero no muchos, ya que la mitad de sus fuerzas seguían fuera. Si eran una o dos personas, quizás podría detenerlas para intentar hacerlos entrar en razón y pedirles su ayuda para detener a los Vigilantes. Pero no tuve suerte, ya que nadie me siguió.

                Como no tenía demasiado tiempo, me dirigí a mi siguiente punto: yo sabía que los túneles que rodeaban la ciudad se ramificaban hacia la jungla, así que busque el que más se ajustaba a mis necesidades y, con mi magia, me hice lugar para entrar de nuevo a estos. Luego, solo me quedaba una cosa para hacer: dirigirme a las celdas subterráneas y esperar.

ALIADOS:

                Estuve unas cuantas horas en las celdas, pero por fin escuche la voz que estaba esperando: la de Kasi. Ella me pregunto que qué hacía allí y le dije que era porque necesitaba su ayuda: le dije que tenía que liberar a los prisioneros y detener a los Vigilantes. Ella me respondió que a ella necesitaba de prisioneros, pero le conteste que no podía tener a estos, pero que a cambio ella podía quedarse con la gente con dones, con los Vigilantes. Ella empezó a decir que debería matarme, pero antes de poder responder, ella sola se contesto, diciendo que yo no le había contado su secreto a nadie. Así estuvo unos minutos, discutiendo ella sola sobre mi vida y mi muerte, hasta que decidí interrumpirla y decirle que porque no lo pensaba luego, tras haberme ayudado. Me dijo que ella le diría a su hijo, el Conde, que me brindase la ayuda necesaria, aunque debía de prevenir que se metiese en peligro. Le prometí que lo defendería, pero ella resalto que ella lo protegería, yo solo debía evitar que no se comprometiese en una situación peligrosa. Acepte el trato y ella me dejo solo.

                Cuando oscurecía afuera, salí de la cueva con celdas y me dirigí a ver al conde. Los guardias del Conde no eran un obstáculo y los Vigilantes eran demasiado pocos, por lo que no me costó llegar. Cuando estaba frente al cuarto del Conde, toque la puerta y él me introdujo dentro. Me pregunto qué quería y le conté que su madre me había mandado. Frente a mi respuesta, sus ojos se pusieron negros y saco su espada, preguntándome que como sabia yo de esto. Le conté los sucesos que me llevaron a esto y le pedí su ayuda. Solo necesitaba que encontrase una razón para hacer que Nedros abriese un portal y evitar que ni él ni los otros Vigilantes pudiesen tocarlo. Aunque reticente, me dijo que sabía como ayudarme. Necesitaría unos días, pero no debía preocuparme por eso. Otra vez me veía esperando, pero cada vez más cerca de algún final, aunque sabrán los dioses si bueno o malo.

RESCATE:

                Aunque lentamente, los días pasaron. El Conde no quiso contarme detalles de su plan, pero al llegar a mi escondite desde donde podía ver la plaza desde donde Nedros abriría el portal, solo pude ver a Nedros, Aya y Cirko, por lo que esperaba que los demás no hubiesen sufrido un terrible destino. Pero ya no había tiempo para remordimientos: Nedros comenzó a abrir el portal. Primero invocó una esfera de energía y luego comenzó a darle la forma de un ovalo. Aunque el Conde seguía hablándole y reprendiéndole, Nedros no parecía darse cuenta: era una tarea agobiante el abrir y mantener un portal, aun para alguien con la fuerza de Nedros. No obstante, Nedros era alguien muy capaz, y así, el portal estuvo abierto. Era momento de entrar en acción.

                Yo comencé a concentrarme y tanto la tierra frente a Nedros como la que estaba debajo de mi empezó a vibrar. Vi como Aya empezó a moverse hacia Nedros, pero desde la mansión, dos flechas volaron hacia Aya y Cirko. El pobre Cirko no tenia chances contra un ataque sorpresivo, pero Aya logro esquivar la suya a tiempo. Mientras tanto, yo terminaba de lanzar mis hechizos: una plataforma de tierra golpeo a Nedros en el pecho, mientras otra me propulsaba bajo mis pies y me lanzaba hacia el portal.

                Caí del otro lado del portal, en la fortaleza de los Vigilantes. Allí estaba Lebiron, quien me pregunto qué pasaba. Durante estos días que tuve para pensar, sopese la opción de que, si alguien intentaba detenerme cuando llegase, debería matarlo. Pero ya había habido demasiadas muertes y no quería seguir ensuciando mis manos con gente que no había amenazado mi vida. Por lo que le dije a Lebiron que debía pasar el portal, porque los demás estaban en peligro. A pesar de este intento, Lebiron pudo ver detrás de mi mentira y me ordeno que me quedase donde estaba; sentí como su orden intentaba meterse dentro de mi cabeza, pero pude defenderme y seguí corriendo hacia las celdas. Detrás de mi levante una pequeña pared de tierra y vi como Aya caía por el portal, seguido de un guardia del Conde. Bueno, al menos había intentado mantenerla afuera de esto.

                Cuando llegue a las celdas, empecé a liberar a la gente: mis pilares de tierra destruían los círculos rúnicos que no les permitían salir. Le dije a Garritas que me debía un favor y Madria me dijo unas palabras que no entendí, pero parecían una bendición de su parte. No tardamos mucho en liberar a los treinta cautivos; pero en seguida las runas del techo empezaron a brillas y un campo de energía nos impedía salir. Aunque empezaron a atacar al campo, nada parecía hacer efecto. Garritas atacaba sin parar, pero el campo lo lastimaba. Intente golpear al campo con mis pilares, pero solo logre generarle unas rupturas que se curaban rápidamente. Otras personas empezaron a lanzarle rayos y fuego, pero el campo no caía. Por la gracia de los dioses, Madria estaba con nosotros y nos curaba las heridas y el espíritu, pero nada parecía servir. Un hombre se me acerco y me dijo que él tenía el poder de tirar el campo y de sacarnos de allí, pero Lebiron le había sacado sus poderes para siempre y que, salvo que este muriese, no podría hacer nada; me maldije por no haber intentado matarlo cuando llegue.

                Lo que siguieron no fueron buenas noticias: por fuera del campo vimos como se acercaban unos veinte Vigilantes, aunque sin Lebiron. Les tire una nube de polvo para que no viesen nuestros intentos desesperados de liberarnos, pero no duro lo suficiente. Pasaba el tiempo y nosotros seguíamos dentro. Y al final, se me ocurrió una solución. Les dije a todos que creía como sacarnos de este campo, pero no sabía si podríamos ganarles a los Vigilantes. Sin embargo, ellos me aseguraron que: la pasión que transmitían por ser libres, por vivir, me llevo a tomar mi decisión. Concentrándome, cree unas estalactitas afiladas y las apunte a los círculos rúnicos del techo. Estos tenían unas runas que se repetían constantemente y, aunque no sabía que hacían, podía imaginarme algo: un solo círculo rúnico no tiene la suficiente energía para generar algo tan colosal, así que había algún tipo de runa que les daba cantidades enormes de energía; esperaba que fueran estas.

                Cuando mis ataques impactaron, los círculos empezaron a romperse. Además de atravesar las runas que esperaba, también rayaban otras en su camino. Y aunque el campo no desapareció, vimos como empezaba a debilitarse rápidamente, hasta caer. Los Vigilantes presentes se preparaban para nuestro ataque, que llego primero en forma de niebla y oscuridad; luego, en rayos y fuego. Pude ver como Garritas saltaba gritando hacia nuestros enemigos, seguido por más de nuestros compañeros. Vi como uno de los Vigilantes detenía un rayo de fuego y lo enviaba hacia donde me encontraba yo, pero cuando estaba por impactarme, vi como se dividía en dos y me pasaba de largo. Aunque no tenía idea de que había hecho, recordé la bendición de Madria. Volví a darle las gracias y empecé a correr a través del campo de batalla. Aunque nosotros éramos más, los Vigilantes estaban mejor entrenados y alimentados; vi como Aya le cortaba los brazos a Garritas, pero no podía detenerme: debía encontrar a Lebiron e intentar convencerlo de que nos dejara ir. Y si eso no funcionaba, solo me quedaría matarlo.

                Sin embargo, eso vendría luego. Primero debía atravesar a todos los Vigilantes del pasillo, así que solo me quedaba correr. Tres Vigilantes intentaron impedirme el paso, pero logre saltarlos sin problema. Detrás mío escuche gritos y, luego de unos segundos, vi como uno de los prisioneros venia cargando hacia donde se encontraba el grueso de los Vigilantes; era una persona enorme y estaba usando a un Vigilante como escudo. Cada vez que chocaba contra alguien, esta persona salía volando por los aires. Me alegre de que estuviese de nuestro lado.

                Cuando estaba llegando al final del pasillo, empecé a levantar una pared de tierra delante mío. Sin embargo, vi como Aya y otro de los Vigilantes lograban saltarla y pasar del otro lado. Era un dos contra uno, pero al menos había detenido a los demás. Pero grande fue mi sorpresa cuando vi a una mujer atravesar mi pared y caer junto a nosotros. Sin perder un instante, le pedí a mi círculo rúnico que me cediese una esfera de energía: cambie sus propiedades por la de un rayo y la agarre con mi mano. Aunque esta no podía dañarme, sentía la energía de las tormentas dentro de mi mano. Terminadas las preparaciones, salte hacia Aya; no podía perder tiempo con el otro Vigilante, porque conocía la letalidad de esta mujer. Intente golpearla y vi como el otro Vigilante intentaba agarrarla al mismo tiempo, pero ninguno de los dos pudo con su velocidad; Aya parecía estar bailando al rededor nuestro, esquivándonos sin transpirar. Había escuchado sobre los guerreros del Control, quienes podían realizar tareas como esta. Sin perder tiempo, seguimos atacando a Aya, pero ella solo seguía esquivando. Pude ver como la otra mujer le lanzaba unas figuras oscuras, pero no lograron impactarle; Aya nos hablaba, pero yo estaba demasiado concentrado para saber que decía. Decidí utilizar la tierra a mi favor, pero Aya fue demasiado rápida y se escapo por el corredor que llegaba a la sala de mandos. Concluí que lo mejor sería dejarla ir al lado de Lebiron y levante una pared que cubría el acceso a la sala principal, por la que podrían llegar refuerzos de los Vigilantes. Sin perder un instante mas, corrí por donde se había ido Aya, junto a la mujer y al Vigilante traidor.

                Llegando a la sala de mandos vi como Aya estaba desenfundando sus armas y se disponía a atacar a dos de la guardia de Lebiron. No sabía que estaba pasando, pero decidí tomar mi oportunidad. Seguí corriendo y salte sobre uno de los guardias: aunque intentó atacarme, yo era más rápido y logre conectar un golpe en el brazo con el que sostenía su arma, desviando su ataque. Vi como los rayos de la esfera que tenía en mi mano se metían dentro de su brazo y como se desestabilizaba.  Aya le había hecho dos cortes profundos en el brazo y el pecho al otro guardia. No puedo recordar bien quien, pero algo golpeo al guardia a quien le había pegado y este cayo desmayado.

                Aya se acerco a la puerta e intento abrirla, pero esta no lo hacía. Agarre al guardia que seguía consciente y le pregunte como se abría la puerta. Me contesto que desde dentro pero, al preguntarle más detalles, se rio de mi y dijo que no me lo diría. Lo golpee contra la pared y se desmayo. Sin embargo, la mujer desconocida dijo que ella la abriría y atravesó la pared. No paso mucho hasta que las runas que estaban en la puerta se apagaron, pero la mujer no salió por esta. Sin saber si Lebiron le había hecho algo, entramos.

SOBRE VICTORIAS Y DERROTAS:

                Al entrar, nos encontramos con un salo cubierto de runas. En el centro, estaba Lebiron rodeado de imágenes, pidiendo refuerzos. Cerca estaba Nedros: ¿cómo había logrado llegar hasta allí? ¿Que habrá pasado con el Conde? Eran cosas que pasaban por mi mente, pero no podía distraerme. Escuche como Lebiron le decía a Nedros que se ocupase su lugar y siguiese pidiendo más refuerzos mientras él se ocupaba de una cosa. Ese era mi momento. Empecé a correr hacia Lebiron a toda velocidad: mi plan de parlamentar no nos serviría de nada si los refuerzos ya estaban en camino, debíamos terminar esto rápido. Al pasar cerca de Nedros, vi como este se percataba de mi presencia y, aunque aun sorprendido, empezó a preparar algún hechizo. Rezando llegar frente a Lebiron antes que Nedros terminase con lo suyo, seguí corriendo; sin embargo, nunca fui alguien muy cercano a los Dioses, por lo que, a pocos pasos de mi objetivo, sentí como una mano apresaba todo mi cuerpo y me levantaba del piso. Luego, otra mano agarro uno de mis brazos, por lo que cada vez tenía menos libertad de movimiento. Debía actuar rápido, por lo que empecé a concentrarme en la tierra de alrededor y a darle forma. Pero igual de rápido que me capturaron, pude sentir como las manos se desvanecía y volví a caer al piso: Aya se había lanzado sobre Nedros y había interrumpido su magia. Aproveche mi oportunidad y lance una estalactita de tierra contra Lebiron: percibí como salían volando algunas gotas de sangre de su hombro, pero no había sido suficiente. Volví a correr hacia él.

                Pero Lebiron tenía otros planes: le ordeno a Aya que nos detuviese y esta dejo a Nedros en el suelo y fue en búsqueda del Vigilante traidor. Yo no estaba seguro de que Lebiron estuviese manejando la mente de Aya o este fuese un plan que solo ella entendía, pero no podía hacer nada al respecto por ahora.  Seguí corriendo hacia Lebiron y vi como sacaba su espada y cortaba el aire con este. Pronto sentí como un viento cortante intentaba traspasarme, pero al parecer Lebiron no sabía todo sobre “sus” Vigilantes: mi capa no era una capa normal, sino que era igual de resistente que cualquier otra armadura. Gracias a su sorpresa, llegue a golpearlo con mi esfera en el hombro: los rayos se metieron por su herida y vi dolor en su rostro. Luego, mientras sus ojos tomaban un color amarillento, sentí como mi cuerpo se empezaba a poner tenso. Pero aun así, logre golpearlo con mi otra mano justo a tiempo. Mientras Lebiron salía despedido hacia atrás, mi cuerpo se quedaba rígido como la piedra.

                Pensé que era mi final. Lebiron solo debía levantarse y mi mente seria suya, ya que este parecía tener una fuerza increíble. Toda la revuelta seria en vano y gente como Madria seguiría siendo capturada, con cargos que no podían entender y sin posibilidades de salir. Pero Lebiron no se levanto. Al parecer, uno de los Dioses si me sonreía, ya que mi último golpe parecía haber dejado a Lebiron fuera de combate. Escuche unos pasos cercanos y vi como Aya se acercaba a Lebiron: este último intento darle otra orden a Aya y, aunque en el gesto de ella sobresalía el dolor, pudo reunir la suficiente fuerza para mantener las defensas de su mente. Escuche como Lebiron decía que no entendíamos su labor, que había que detener con los demonios y que, aun luego de traicionarlo, al menos matásemos al demonio que se encontraba detrás de la puerta a la que el se dirigía. Según sus palabras, este era un ser demasiado poderoso y envenenado para vagar libremente por Pandoris y que, aun poniéndonos del lado de esa escoria, no podíamos dejarlo salir. Por suerte, Aya pareció entender lo mismo que yo: Lebiron estaba haciendo tiempo, por lo que todo termino cuando esta le corto la cabeza de un solo golpe.

                                Mientras veía como el cuerpo de Lebiron se quedaba quieto, empecé a retomar el control del mío. Mientras Aya se acercaba a Nedros y al otro Vigilante -ambos inconscientes- , yo me acerque a la puerta que nos había dicho Lebiron. Dentro, había un pequeño campo como el que nos había mantenido cautivos a nosotros. Sin embargo, dentro solo se notaba una profunda oscuridad. Allí se encontraba la otra mujer, la que atravesaba paredes. Me dijo que la ayudase a liberar a su padre, quien estaba cautivo por un “mal comportamiento”. Esto me daba una mala sensación, por lo que pensé que lo mejor sería alejarme. En ese momento, otro hombre salió por una pared y le pregunto a la mujer que si el Amo ya estaba libre. Aya se acerco a mí y vi desconcierto en su cara. Le dije que nos fuésemos de aquí. En mi mente pensaba que solo había dos posibles acciones frente a este problema: o los ayudábamos o no. La primera no me apetecía en lo mas mínimo y la segunda… quería estar lo más lejos posible con el resto de los prisioneros si lograban liberar a este ser. Cuando nos íbamos, vimos como el Vigilante traidor se acercaba a estos: esperaba que supiese reconocer el peligro en el que se metía, pero no podía hacer más sin enfrentarme a las otras dos personas, de lo que no sacaría fruto alguno. Debía llegar junto a los otros prisioneros y ver cómo salir de allí. Quizás Nedros pudiese sacarnos, si lograba la cooperación de Aya en esto.

                Salí al pasillo y empecé a escuchar gritos. Cuando pude entender que estaba pasando, me puse en posición de pelea: los refuerzos había llegado.

CAIDA:

                Como Aya aun no estaba a mi lado (y como no podía saber todavía que fuese a ayudarme contra tantos enemigos), les lance una nube de polvo a mis enemigos: eso me ganaría algo de tiempo. Vi como tres magos se fijaban en mí y empezaban a lanzar sus hechizos: sentí como intentaban meterse en mi mente y romper mi conexión con mi magia, pero no lo lograron.  Aunque vi como cuatro guerreros se acercaban a mí, debía ocuparme de los magos primero: aunque sentí como volvían a intentar privarme de mi poder, logre resistirme y contraatacar: del suelo salieron tres lanzas de tierra que perforaron sus gargantas. No obstante, tenía a los guerreros encima mío. Logre a esquivar a dos, pero los otros dos lograron pasar mis defensas y me hirieron profundamente un brazo y mi pecho. Caí al piso y vi a lo lejos a Aya esquivando a otros cuatro guerreros, pero para mí era tarde. Sentí un porrazo en mi nuca y todo se puso negro.

CAOS:

                Sentí algo fresco en mi cabeza y abrí los ojos. Estaba tirado en el suelo junto a Aya y al Vigilante traidor: este estaba insertando una esfera de agua dentro mío, la que curaba mis heridas. Le di las gracias y seguí sus pasos: pedí una esfera a mi círculo y, tras volverla del elemento agua, termine de curarme. No entendía que estaba pasando, pero cuando pude concentrarme un poco más, empecé a escuchar gritos y vi como gran parte de la gente, tanto los prisioneros sobrevivientes como los refuerzos de los Vigilantes, corrían hacia nosotros en pánico. Detrás vimos como un fuego negro consumía todo a su paso: ropa, armas, personas, todo era cubierto por las llamas. Empezamos a correr alejándonos del fuego hasta que llegamos a un callejón sin salida. Ahí estaba Nedros, quien le dijo a Aya que rompiese la pared. Ella empezó a golpearla con su arma y yo intente mover la tierra para ayudarla, pero estaba demasiado débil y no podía concentrarme, debido a que el resto de la gente me zarandeaba de aquí para allá, por lo que mis esfuerzos fueron en vano.

                Lo siguiente que sentí fue como alguien me chocaba y me arrastraba, junto a los demás, atravesando la pared. Sentí como caía y golpee mi cabeza contra el suelo, desmayándome.

DESCONCIERTO:

                Cuando abrí los ojos, no podía distinguir nada. Lo único que recordaba era que estaba corriendo por un pasillo luego de salvar a los prisioneros, una sombra negra y mucho fuego. Cada vez que intentaba recordar mas detalles de lo que había pasado, mi cabeza empezaba a dolerme con intensidad. Como no podía hacer demasiado, me levante y le pedí a mi circulo que me pases una esfera de energía. Sabía que estaba en una cueva, ya que podía sentir como la tierra se extendía por debajo y encima mío. Aun así, no podía distinguir más que gritos lejanos, por lo que cambie mis ojos por los de un Rensir y distinguí distintas formas a lo lejos. Decidí ir hacia allí.

                Mientras me acercaba, vi a uno de los Vigilantes hacer una esfera de energía de un tamaño considerable que irradiaba una luz muy potente en todas direcciones. Estaba desconcertado: ¿por qué los Vigilantes estaban ayudando a los prisioneros? ¿Que hacíamos en una cueva? No pude encontrar respuestas para mis preguntas, así que las guarde para después. Cuando estaba cerca del grupo alrededor del Vigilante, escuche el ruido de alguien chocando contra una masa de agua. Pude divisar lago cerca de estos y les grite a los del grupo que había gente en el agua y había que ayudarles. Aunque nadie me seguía, me tire al agua y utilice mis poderes para ubicar a la gente que se encontraba en esta: había cinco personas nadando, una persona ahogándose, unas veinte en las cercanías de la cueva… y notaba otras presencias más alejadas. No tenía tiempo para preocuparme por esto, por lo que me sumergí y busque a la persona que se ahogaba. Por suerte, esta no era muy pesada ni llevaba un equipo considerable, por lo que no me costó mucho llevarlo a la superficie.

                Al salir, reinaba el pánico en la cueva. Donde había habido un grupo de gente buscando la luz de la esfera, ahora había gente tirada en el suelo o corriendo alejándose de… ¿de qué? Vi como el Vigilante se acercaba a una persona caída en el piso y como otra persona más le ponía las manos en el cuerpo y parecía traerla de entre los muertos. También estaba Aya. ¿Qué hacia ella allí? ¿Podía confiar en ella? Quizás supiese que estaba pasando gracias a sus conexiones con Nedros. No obstante, no me gustaba su presencia.

                El Vigilante dijo que él se llama Ekorfal y que, aunque no sabía que estaba pasando, un ser hecho de sombras había aparecido y había empezado a tirarle sombras a la gente, pero cuando él se acerco, el hombre desapareció sin más. Según Ekorfal, las personas impactadas por las sombras no parecían heridas, aunque tenían el aspecto de encontrarse muertas. El curandero, que dijo llamarse Sael I’nI, nos dijo que aunque no estaban heridas físicamente, algo les había afectado. Mientras ellos seguían hablando, me llamaron la atención unas runas en la pared. Me acerque a ellas y sentí como alguien me seguía: el hombre a quien había salvado de ahogarse. Me dijo que su nombre era León y que estaba agradecido por mi ayuda. Aunque Ekorfal era un Vigilante y recordaba a Sael como un prisionero, no podía ubicar bien a León. Al preguntarle que de donde había venido y que recordaba, me dijo que él trabajaba para los Vigilantes como uno de sus siervos y que no recordaba más que una batalla en un pasillo. No parecía resonarle nada acerca de unas sombras y un muro de fuego, así que no indagué más.

                Al llegar junto a las runas, intente revisarlas y ver si podía entender su significado: aunque algunas me resultaban conocidas, otras no las había visto en mi vida. Sael, Aya y Ekorfal se acercaron a nosotros, pero nadie parecía saber nada, hasta que León nos dijo que había visto como las runas se iluminaban y que sabía donde estaban ubicadas cuatro salidas. Nos dijo que tres estaban cerca de nosotros y que la cuarta se encontraba por arriba, subiendo un pequeño promontorio, donde nos esperaría un puente roto. Decidí que ir por el puente sería lo más productivo, ya que de algún lado deberíamos haber caído, así que nos dirigimos hacia allá.

                Llegamos a donde estaba el puente roto. La otra punta del puente se encontraba a unos cinco metros de distancia y, aunque debajo nuestro se encontraba la laguna, saltar podría haber resultado peligroso. Por lo tanto, decidí hacer un puente de tierra que conectara ambas puntas y aunque tuvimos que cruzar uno por uno, logramos llegar al otro lado. Aquí encontramos el arco de lo que parecía ser una antigua puerta, pero en vez de esta vimos un agujero hecho recientemente… en la piedra. Aunque seguía sin poder resolver que era lo que había pasado, pase a la próxima habitación.

                Del otro lado nos esperaba un espectáculo impactante: un fuego negro ocupaba toda la sala, desde el piso hasta el techo. Aunque intentamos apagarlo, nada parecía ser eficiente contra este. Cambie la esfera de energía que tenía en la mano por una de fuego, pero esta no reaccionaba con el extraño fuego negro. Mientras intentaba pensar como podíamos apagarlo, me di cuenta que esta sala pertenecía a la fortaleza de los Vigilantes. Recordé que uno de los hombres, cuando nos encontrábamos dentro del campo, me dijo que él podría sacarnos de allí. ¿Había sido él el causante de esto? Como no sabía bien en que pensar, decidí guardar esta información para mí, pero al parecer no fui el único en encontrar la relación entre esta sala y la fortaleza: León también lo había notado y lo estaba comentando con el resto del grupo. Como no había mucho más para hacer aquí, decidimos irnos e intentar pasar por otras de las puertas.

                Al volver a la cueva principal, ya no se escuchaba ningún sonido: al parecer, toda la gente había desaparecido por alguna de las puertas tras el ataque del hombre sombra. Por ende, los cinco nos dirigimos hacia las puertas. De las tres, yo recordaba que en dos de las direcciones hacia las que estas apuntaban se encontraban algunos seres que no había podido identificar, pero que eso no los hacía menos peligrosos; por ende, me enfile hacia la tercera puerta, con los demás siguiéndome el paso.

                No tuvimos que recorrer más que unos metros para llegar a otro salón, con tres puertas. Estas tenían un distintivo en cada una: una tenía un símbolo completo, otra un símbolo cortado a la mitad y, la ultimas, no tenía nada. Ekorfal nos dijo que el símbolo cortado parecía tener un sentido propio, mientras que el símbolo completo era un sinsentido. El y Aya querían seguir por la puerta del símbolo cortado, pero a mí me llamaba la puerta a la que le decían “absurda”: no solo no quería confiar en dos Vigilantes, sino que además la aventura solo corre por los caminos menos esperados. Y al parecer no era el único que se sentía cómodo con esto, ya que Sael dijo querer venir por la puerta absurda. Aunque León parecía un poco indeciso, al final decidió venir con nosotros. Como íbamos a separarnos, Ekorfal decidió hacer un vinculo mental con Sael (aunque este no parecía muy contento con este hecho) por si debíamos juntarnos o si encontrábamos algo de interés para lograr salir. Sin más que eso como despedida, tomamos nuestros caminos divergentes.

                No paso mucho tiempo hasta que llegamos a otra sala con tres puertas. Sin embargo, antes de decidir qué hacer (ya que ninguno de nosotros entendía bien el significado de los símbolos), escuchamos un aleteo por una de las puertas. Los dioses parecían estar guiándonos hacia allí, por lo que resolvimos escucharlos.

PELIGROS EN ALTURA:

                El camino nos llevo a una sala enorme en la que podíamos ver una grieta que la cruzaba de lado a lado. Al acercarnos a esta, pudimos ver como habían otras plataformas similares a la que estábamos tanto arriba como abajo de nosotros… parecía como si fuesen distintos pisos de una fortificación, aunque nos encontrábamos dentro de una cueva en la montaña.

                El sonido del aleteo venia desde arriba, pero no sabía cómo poder subir: el siguiente piso estaba a unos treinta metros de altura y, aun si con suerte llegaba a subirme a mí mismo con mi dominio sobre la tierra, debería dejar a mis compañeros allí abajo. Como esta última idea no me parecía muy segura, decidimos seguir investigando, por lo que nos acercamos a la grieta y nos dirigimos a la izquierda a ver si encontrábamos algún otro camino; León tenía dos esferas de energía a su alrededor, las que iluminaban lo suficiente para no caer por el precipicio. Sin embargo, llegamos a un punto en donde el piso comenzaba a ensancharse y para seguir debíamos saltar la grieta, de unos tres metros, para llegar al otro lado.

                Mientras calculaba en mi cabeza la tierra necesaria para aguantar nuestro peso y lograr llevarnos hasta el otro lado, escuchamos como Sael se agitaba y nos decía que había un enorme monstruo atrás nuestro. Al girarme, vi una extraña figura volando cerca de nosotros. Era difícil diferenciarlo entra la oscuridad que nos rodeaba, ya que su pelaje es totalmente oscuro; no obstante sabía que era un Koros, ya que su tupida melena, sus afilados dientes y sus garras curvas no dejaban lugar a duda. Que era lo que hacía un Koros famélico volando frente a nosotros no podía saberlo, aunque si podía notar que tenía hambre.

                 Aunque Sael intento no enfurecer al animal, el tono de su voz pareció alterarlo, por lo que este salto hacia el curandero y lo mordió en un brazo. Yo le pedí a mi círculo que me pasase una esfera de energía, a la que agarre con mi mano y la transforme en una esfera de rayo. Sin embargo, no llegaba a golpearlo, ya que León se interponía entre Sael y yo. Aunque no sabía si llegaría a tiempo, Sael dirigió un fuerte viento contra el animal, el cual choco contra la pared cayó hacia el abismo; por suerte, no se había llevado el brazo consigo. Pero el animal volvió a subir y, esta vez, ataco a León, quien fue lo suficientemente rápido como para proteger su brazo con un escudo hecho a partir de una esfera para mitigar los daños. Aproveche a que el Koros estaba cerca y lo golpee en un costado, insertándole rayos en su cuerpo y haciendo que se aleje de nosotros. Frustrado, el animal volvió al ataque y se abalanzó contra Sael, mordiendo su cabeza. León pareció querer hacer algo con su esfera de energía, pero nada paso, así que salte por delante de este y empuje a la bestia lejos de Sael; aunque no sabía si seguía vivo, debía confiar en que las fuerzas del animal estuviesen debilitadas por su hambre y que su ataque no había sido fatal. Mientras corría hacia el Koros, vi como una flecha pasaba volando por encima mío, pero el animal logro esquivarla, dándome a mí el tiempo suficiente para llegar y golpearlo nuevamente: esta vez, los rayos que inserte dentro de su cuerpo fueron lo suficientemente fuertes como para detenerlo y asegurarme que no volvería a nuestro acecho.

                Sin perder más tiempo, me acerque a Sael y, cambiando mi esfera de rayo por una de agua, la introduje en las heridas de su cabeza, que parecieron cerrarse en gran medida. Mientras intentaba curarse con su magia, Sael nos comunico que Ekorfal y Aya habían encontrado una sala que parecía servir como un mapa del lugar y que volviésemos junto a ellos, que él nos guiaría. Como no podía levantarse, lo alce mientras terminaba de realizar sus curaciones y nos pusimos en camino.

ENEMIGOS EN LAS SOMBRAS:

                Cuando llegamos a la anterior sala con las tres puertas, Sael nos dijo que Ekorfal nos pedía que actuásemos cautelosamente, ya que, al parecer, había un hombre que parecía estar desplazándose entre las sombras y que venía hacia nosotros, como si conociese nuestra ubicación. Decidimos esperarlo donde estábamos, pero a los pocos minutos Sael nos hizo saber que Aya estaba viniendo para juntarse con nosotros y que, al parecer, el hombre se había escondido entre las sombras y ahora la seguía a ella. León preparo dos esferas y yo pedí a mi círculo por otra esfera, a la que volví de rayo.

                No paso mucho tiempo hasta que llego Aya. Le gritamos que el enemigo estaba detrás de ella y, aunque llego a darse vuelta, una sombra salió disparada hacia su cuerpo y Aya cayó al piso. Aun cuando me atemorizaba enfrentarme con una persona que podía derrotar tan fácilmente a una mujer tan mortífera como Aya, no podía más que intentar acabar con esto rápidamente, por lo que empecé a correr hacia el hombre entre las sombras. Mientras me acercaba, sentí el sonido de una flecha volando hacia su objetivo y vi como impactaba en el hombro de nuestro enemigo: al menos sabíamos que podía ser dañado. Cuando por fin llegue cerca de mi objetivo, vi que estaba concentrándose en las sombras que nos circundaban: recordé que Ekorfal nos había contado que este sujeto había desaparecido fusionándose con las sombras. No me quedaba más opción que golpearlo con todas mis fuerzas y esperar que fuese suficiente; sin embargo no lo fue, ya que aunque logre que los rayos de la esfera se insertaran en su cabeza, el sujeto seguía concentrado en su oscura magia. Por suerte, León estaba preparado y lanzo un rayo de energía arcana contra él, quien salió volando unos metros y se desmayó. Me acerque hacia él y, asegurándome de que no nos fuese a dar problemas, volví con el resto del grupo. Sael estaba terminando de curar a Aya y, al terminar, decidimos volver con Ekorfal, aunque a este último nos lo encontramos en el camino.

                Llegamos a un cuarto lleno de runas y de luz. Esto último me parecía muy importante, ya que si nuestro enemigo era amigo de las sombras, debíamos mantenerlo alejado de estas. Allí nos esperaba un sujeto llamado Petrok, a quien recordaba como el mago de fuego a quien detuve en mi misión como Vigilante; a pesar de esto, Petrok no nos ataco -no parecía recordar quienes éramos nosotros-, sino que parecía haber estado junto a Aya y Ekorfal. El destino parecía estarnos jugando una buena broma.

                Mientras los demás comenzaron a explicarle a Petrok lo que había sucedido, yo ataba una cinta al rededor de los ojos de nuestro prisionero y Aya buscaba unas cadenas para apresarlo firmemente. Tras esto, dedique mi atención a entender las luces que estaban en la habitación y entendí como funcionaba este mapa del que hablaban: del techo salían unas imágenes de lo que estaba sucediendo en cada sector de la cueva. Además, se veían unas escaleras para llegar al siguiente piso, por lo que decidimos ir hacia allí. Cargue a nuestro prisionero sobre mi hombro y nos pusimos en camino.

                Tras una corta caminata, llegamos a la escalera que nos llevaría al piso siguiente. Aunque estábamos cansados, decidimos subirla primero y luego reposar. No quería preocupar al resto, pero sabía que si no encontrábamos alguna fuente de agua y de comida pronto, nuestras posibilidades de escape serian nulas, ya que esta montaña parecía no tener fin; pero no podía hacer nada al respecto en ese momento, por lo que creí que tener un tiempo para descansar y juntar las fuerzas que pudiese serian mas útiles que vagar por el interior de la montaña sin rumbo ni certezas.

                 Como tres de nosotros sabíamos invocar esferas de energía, propuse que hiciésemos guardias de a dos para siempre tener luz a nuestro alcance: esto no solo evitaría posibles ataques sorpresa por parte de otras bestias o magos de las sombras, sino que también podría llegar a ser como un faro para el resto de las personas que se habían perdido con nosotros.

ESTA HISTORIA AUN CONTINUA.

Libro de hechizos: Invisibilidad

La invisibilidad solo necesita de dos cosas: el amor y la ausencia. Si una persona no es amada, no podra ser invisibile. Si a una persona no se le ausenta, tampoco. Solo cuando el amor rodee a lo que no esta, cuando sienta lo perdido, cuando deba presenciar lo que no tiene, solo ahi hay invisibilidad.

Hay que mantener al amor cuando la mirada traspase al otro como si no estuviese, hay que mantenerlo cuando la voz evita sus oidos, hay que seguir haciendolo cuando se pisotean sus lagrimas. No hay diferencia con la muerte. Este es el secreto.

Libro de hechizos: Amor

El amor es unico para cada uno: para algunos es el palpitar incontrolable del corazon, para otros es como una brisa que refresca. Hay quienes argumentan que es el cuerpo y hay quienes dicen que es el resonar de las almas. El amor es un enlace entre espejos, es saltar a lo desconocido que esconde otro ser. El amor es el corazon de la vida.

Para ser un mago de los corazones, hay que violar al amor: el salto es huida, el enlace prision. Se debe poder hacer confluir todas las miradas hacia un solo punto, los cuerpos deben moverse segun nuestra cancion. Nosotros marcamos el ritmo y destruimos al amor. Que el refugio sea cautiverio: ese es el secreto de este torcido amor.

"Y yo pensé que tal vez la poesía sirve para esto, para que en una noche lluviosa y helada alguien vea escrito en unas líneas su confusión inenarrable y su dolor."

— Alejandra Pizarnik   (via escaleraalsol)

(Source: perraspalabras, via paguz06)

Libro de hechizos: Nigromancia.

Es esencial sentir la perdida para alcanzar el saber. La nigromancia es la negacion del saber y tambien del ser. La nigromancia nace de la muerte negada, empieza con el amor ciego por la vida. La desesperacion que nos concede el ciclo vital y la incapacibilidad de aceptar que la vida termina con la muerte, que el ser que se fue no volvera. Los nigromantes no pueden dejar el pasado como tal, desconocen a los recuerdos y le quitan la humanidad a las personas. Perdida y negacion en un corazon confundido.

Peligroso es este camino, ya que lo que se busca recuperar volvera: volvera como una segunda muerte, seran las cenizas con forma de hombre. La locura es este camino, donde las sendas solo llevan a la desesperanza: cada hechizo se paga con el alma, cada exito acerca a la muerte al nigromante. Al final, del amor por la vida solo queda el deseo de muerte, consiguiendo eclipsar hasta la propia existencia, los deseos no alcanzados y los senderos trazados.

La nigromancia no tiene ningun secreto, ya que los niega a todos.

El precio.

Primero me agacho, justo a tiempo para esquivar una patada. Luego, salto para atras; caigo y ruedo. Me levanto y analizo la situacion: yo, arboles, persona corriendo hacia mi, persona apuntando un arco, persona que intento patearme. Primero, hago un giro de 180 grados, golpeo con el reves de mi puño a la persona que corre hacia mi y evito la flecha. Luego, giro hasta posicionarme en la espalda del enemigo y lo agarro por detras. Al escuchar el segundo flechazo, empujo a la persona, ya que si me quedo pegada, la flecha podria atravesar la carne y darme en algun punto importante. Mientras tanto, no encuentro a quien me pego la patada. Inspiro y guio al aire de mi nariz a los pulmones, de los pulmones a la sangre, de la sangre a mis puños. Suelto mi ataque hacia quien sostiene el arco, pero siento un dolor en un costado que me desestabiliza: mi ataque no llega al arquero, quien dispara otra flecha. Siento un primer aguijon en la juntura de mi brazo y mi hombro derecho, un segundo entre la cintura y la pierna izquiera, un tercero en la boca del estomago. Caigo al piso y veo mi sangre. Oscuridad.

Me despierta el dolor: mi mano derecha ha sido cortada. La agonia detiene el tiempo, por lo que no se cuanto tiempo pasa hasta que cortan la izquierda. Pero el dolor se detiene rapidamente; no era mentira, el tiempo se ha detenido. Si se dice que una persona, antes de morir, ve su vida pasar ante sus ojos, tambien corren los rumores de que los usuarios tenemos la chance de realizar nuestra ultima voluntad. Parece ser cierto.

Primero invoco a la voluntad de mi alma unida y de mi cuerpo despedazado: la cancion sale de mis huesos y de mi carne, una cancion de integridad. Dicen que solo los curanderos pueden ver como carne y hueso se licuan para formar los hilos de la vida, como estos tantean y buscan lo que ha sido perdido y como, al unirse, el cuerpo vuelve a ser uno. Esto es asi porque en todo hay un precio: recuperar la unidad del cuerpo, afecta la salud del alma; no hay quien haya mantenido su cordura tras el dolor que se promete en esto. Sin embargo, en mi ya esta la muerte, soberana del dolor.

Luego, me levanto cuidadosamente y me pongo a trabajar: trazo los simbolos de la destruccion, el sufrimiento y, ahora que los conozco, los de la muerte. Los trazo en la tierra, en el aire, en los arboles, en la ropa. Los pongo en su mente, en su corazon, en su alma. Luego los borro. Esa no es mi voluntad, sino la voluntad del olvido. Mi pacto solo se llevara mi alma. Sin embargo, debo proteger lo que es mio. Dibujo cuidadosamente el simbolo de la muerte tranquila en sus corazones y la del arrepentimiento en sus almas.

Cuando termino, siento como empieza a fluir el tiempo: sale de mi corazon, se mueve por mi cuerpo, sale de mi nariz. Cuando impacta con el primer arbol, las hojas se mueven con el fulgor de la vida. Cuando toca los cuerpos, estos caen a la profundidad de la muerte. Me siento a ver como se van, me fijo como la vida da lugar al olvido. El cuerpo se pone rigido, porque ya no habra mas movimiento. El silencio ocupa a esos cuerpos. Se que pronto entrara en mi, porque el precio debe ser pagado.

Sin embargo, la espera es vana. Aun cuando los cuerpos ya son solo huesos, luego de que el tiempo se llevara al sol y a la nieve, sigo aqui. Me atenaza el miedo de confiar en que se me ha dado el regalo de la vida. Me levanto y noto que hay una barrera alrededor de este lugar: simbolos que impiden el paso, que impiden la magia de otros, que impiden a todos menos al usuario. Me imagino que otros me habran puesto en cautiverio, que han descubierto lo terrible de mi inmortalidad; pero luego veo que son mis propias marcas las que me encierran. Asi que, atravieso el umbral.

La luz del sol choca contra mi, el ruido parece excesivo, el bosque ya no es tal. ¿Donde estoy? No lo se, pero no es importante. Encuentro unas sombras desde las cuales puedo trazar los simbolos del viaje, del hogar: aunque suelen ser necesarios otros simbolos mas -como de la seguridad, de la tranquilidad, del equilibrio, del sigilo- siento que no son necesarias. Y no lo han sido, ya que llego sin dificultades. He notado seres al acecho, pero no se han acercado. Senti su temor. Ahora siento el mio.

Pienso que mi hogar ya no es tal. Mi vida, tampoco. Ni mi poder es el mismo. Solo puedo pensar en algo: ¿ha sido la fuerza de mi voluntad para con mi deber lo que me mantiene vivo? ¿O es que mi vida no ha sido suficiente para saldar la deuda?

¿Cual es el precio a pagar para mantener este equilibrio?

Libro de hechizos: Tierra.

La tierra es sosten. La tierra es estable. La tierra es tranquilidad. Sin embargo, la tierra es energia, movimiento. Llevamos a la tierra dentro: se delata cuando temblamos, esta en el sonido de cada pisada, nos abandona cuando morimos. Nuestra carne esta fijada a la sangre con tierra.
Para usar la tierra solo es necesario el movimiento. Para controlar la tierra se necesita de una mente fluida, que siga el camino que traza el cuerpo. Pero solo puede entender a la tierra quien conozca el equilibrio entre crear y destruir, el equilibrio que da sosten. Ese es el secreto de la tierra.